Día 1 (y medio): De Bogotá a Uyuni

El vuelo de LATAM entre Bogotá y Santiago salía a las 11.10 de la noche. Por eso, luego de salir del trabajo y tomar algo con algunos compañeros, me fui al aeropuerto alrededor de las 8 de la noche. Allí me encontré con mi amiga, e hicimos el chequeo tanto para ese vuelo, como para el de Santiago a Calama, que también sería por LATAM.

Tener los pases de abordar de ese segundo vuelo era clave, pues se trataba de una reserva separada, y el tiempo que tendríamos entre un vuelo y otro era de apenas hora y media. Es un tiempo muy ajustado, teniendo en cuenta que debíamos hacer inmigración en Santiago, pasar la revisión del Servicio Agrícola y Ganadero, pasar por seguridad al ingresar a la terminal de vuelos nacionales y buscar nuestra puerta de embarque. Al ser reservas separadas, en caso que no alcanzáramos a presentarnos en el segundo vuelo, sencillamente perderíamos nuestro dinero. Tan corto era el tiempo, que ya teníamos comprado como back up otro vuelo a Calama más tarde por si perdíamos el de LATAM. Sin embargo, en caso de haber tenido que tomar este vuelo de back up, hubiéramos perdido los tiquetes del bus a Uyuni, y tenido que reorganizar los planes sobre la marcha.

Finalmente el vuelo a Santiago despegó en un flamante B787, que proveyó un decente espacio entre sillas y además tenía pantallas de entretenimiento individual con una decente selección de películas y series, no así de música. Afortunadamente el vuelo llegó a horario y no tuvimos problemas en tomar el vuelo de Santiago a Calama, operado en un A321 sin pantallas de entretenimiento individual, pero increíbles vistas por la ventana.

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Abordando el A321 de LATAM que nos llevó de Santiago a Calama

Al llegar a Calama tomamos un taxi que por 7.000 pesos chilenos nos llevó a la terminal de buses de Cruz del Norte, ubicado en la Antofagasta 2046. En esta empresa haríamos nuestro viaje entre Calama y Uyuni, el cual habíamos comprado en la página de Tickets Bolivia por 25 dólares cada uno. Al mostrar el comprobante de compra nos dieron nuestros tiquetes para subir al bus. Como teníamos un par de horas antes de su salida, caminamos un par de cuadras hasta un Unimarc cercano a comprar algunos pasabocas para el viaje, y fuimos a un restaurante peruano (¿Sabor Perú? ¿Puro Perú? No recuerdo el nombre pero era al lado del Unimarc), donde por 22.500 pesos comimos un lomo saltado y una chaufa de lomo, además de limonada y jugo de durazno. Como lección para el resto del viaje, mejor comprar un plato principal para compartir entre los dos y complementar con acompañamientos o entradas, pues dejamos casi la mitad de los platos.

Finalmente a la 1 nos subimos al bus, que unos minutos después inició su largo trayecto a Uyuni. A mitad de camino paramos en la frontera chilena, donde nos sellaron la salida del país, para posteriormente pasar a la frontera boliviana, donde debimos descender del bus con todo nuestro equipaje para una revisión en un escáner electrónico, e hicimos el ingreso al país. Para el caso chileno, es muy importante conservar el papel del PDI que dan al entrar al país, en nuestro caso en el Aeropuerto de Santiago, pues el mismo se debe entregar al momento de salir. Al final de la tarde hicimos una parada en un restaurante en el medio de la nada, donde los que no queríamos comer pudimos estirar las piernas, y ver a algunas llamas siendo guiadas por su pastora.

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El bus de Cruz del Norte, que ya debía llevar unos cuantos kilómetros a cuestas, en la frontera chileno – boliviana
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Grupo de llamas siendo guiadas por su pastora en pleno altiplano boliviano, a más de 4.500 metros sobre el nivel del mar

Hacia las 10 de la noche llegamos a Uyuni. Luego de sacar dinero de un cajero, buscamos nuestro hotel que teníamos reservado con anterioridad, el Salcay, en el que dejamos las cosas y salimos a comer algo, decidiéndonos por unas salchipapas, una Sprite y una cerveza Paceña en Tacurú, un restaurante en un segundo piso en la Plaza Arce, a cambio de 85 bolivianos, que volvimos 100 para darle propina a la tierna niña que nos atendió.

Aunque somos de Bogotá, una ciudad ubicada a 2.600 metros de altura, los 3.600 metros a los que está Uyuni nos hicieron mella, al quedar sin aire luego de reirnos por alguno de mis chistes malos cuando volvíamos hacia el hotel. Siendo más de las 11 de la noche era hora de dormir, pues al día siguiente debíamos madrugar para buscar una agencia que nos hiciera el tour al Salar de Uyuni.

 

Opiniones del día:

  • Cruz del norte: Aunque al principio nos asustaron al no encontrar registro de nuestra reserva, en general el servicio fue correcto. El bus, aunque se le notaban los años, era cómodo, y contaba con baño. La primera gran risa del viaje la brindó el ayudante del bus, cuando luego de una parada preguntó si faltaba alguien, recibiendo como respuesta “mi abuelita!”, por parte de alguno de los pasajeros. Alcanzó a buscar un tiempo a la tal abuelita, antes de caer en cuenta que le estaban tomando del pelo.
  • Hotel Salcay: Cumple con lo que promete, que es alojamiento céntrico para los viajeros que quieren descansar antes o después de visitar el Salar. Las instalaciones son correctas, la habitación estaba bien, aunque al baño le faltaba una cortina que dividiera la ducha del resto. Lo que no me gustó ni poquito fue el desayuno y la atención de la encargada del mismo.
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