Día 3: Segundo día del tour al Salar de Uyuni

El segundo día arrancó con el contundente desayuno en el hostal Nuevo Amanecer. Incluyó jugo, huevos revueltos, cereales, yogurt, té, café, mate. Pasadas las 7 subimos el equipaje en la camioneta y arrancamos. Simeón nos insistía mucho en que no dejáramos nada olvidado en el alojamiento, pero cuando íbamos cinco minutos recorridos él cayó en cuenta que había dejado su celular, así que le pedimos que nos dejara ahí para hacer unas fotos mientras él iba y lo recogía.

 

A propósito, aprovechando que ya vamos en el segundo día del tour, hablemos de los puestos de la camioneta. Ella tiene siete puestos: Dos adelante, tres en el medio y dos atrás. Evidentemente uno de los de adelante es para el conductor, y el otro es el más cómodo y por lo tanto más codiciado. En el medio, los tres puestos son cómodos, y hay espacio para dejar las cosas que uno vaya llevando. Obvio, las maletas grandes van en el techo, y generalmente se guardan al inicio de la jornada y no se vuelven a tocar sino hasta el final de la misma. Pero adelante uno siempre carga alguna mochila, comida, agua, etc. Ahora, los puestos de atrás no son tan chéveres, pues no cuentan con tanto espacio respecto a las sillas del medio, y además porque el piso está más ‘arriba’ que el del resto de la camioneta, por ir sobre el eje de las ruedas traseras. Por eso estos dos puestos son los menos codiciados. Si se viaja en pareja o con alguien de confianza uno se puede medio acomodar, pero si no realmente es cero cómodo. Por eso en el viaje, de nuevo tácitamente, acordamos rotarnos de puesto, de tal manera que todos pasáramos por el de copiloto, pero también que todos viajáramos en los de más atrás.

El tour entonces continuó dirigiéndonos hacia el sur, cruzando el Salar de Chiguana, y parando a hacer unas fotos en un ferrocarril que lo cruza. De allí nos dirigimos a un mirador del Volcán Ollague, de 5.865 metros de altura sobre el nivel del mar, y seguimos hacia varias lagunas en las que el factor común fue encontrarnos con muchos flamencos, de tres diferentes tipos que según Simeón se reconocían por su color.

 

En el mirador del volcán encontramos una pequeña tienda, donde compramos paquetes de papas y galletas, obviamente a un precio muy superior al que nos hubiera salido en Uyuni, pero se entiende por la lejura en la que estábamos. En una de esas lagunas, mientras veíamos los flamencos, Simeón alistó la mesa de nuestro almuerzo, que incluyó arroz blanco, ensalada, pollo y papa sudada, entre otros. De nuevo para acompañar hubo Coca Cola y agua, que sobró para llenar nuestros recipientes.

En estas lagunas encontramos baños en estado más o menos aceptable, que nos cobraban generalmente 5 bolivianos por usarlos. Luego de varias lagunas, llegamos a una zona plana en la que hacía un viento fortísimo. Allí, junto al llamado árbol de piedra paramos a hacer unas fotos y nos encontramos con un zorro, y continuamos camino hasta llegar a la Laguna Colorada, roja gracias a los sedimentos de este color, y pigmentos de algunos tipos de algas. Antes de acercarnos a esta laguna debimos entrar a una caseta a pagar los 150 bolivianos de ingreso a la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa, de la que varias de las lagunas visitadas anteriormente hacían parte.

 

Luego de soportar los vientos helados en la laguna y de sufrir por la altura cuando subíamos una cuesta para llegar a la Lexus, nos dirigimos a nuestro refugio. Era uno de los momentos que menos esperaba, pues lo que nos habían dicho es que nos ubicaban a todos los viajeros en una habitación compartida, idea que no me seducía ya que tengo un problema de apnea que hace que a veces ronque. Pero para mi sorpresa positiva, no sé si así sea estándar o si hayamos tenido suerte, nos dieron una habitación doble para los dos, así como otra para la pareja de Tommy y Aloha y una triple para Elena y Luva. Eso sí, los baños en este refugio eran compartidos, y muy a las 9.30 de la noche nos quitaron la electricidad, luego de comer unas pastas con salsa roja.

 

Menciono particularmente esto porque en todos los diarios que leí cuando estaba preparando el viaje, que fueron muchos, mencionaron que en esta segunda noche del tour les había tocado dormir en habitaciones compartidas.

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