Día 1: Vuelo nocturno, centro histórico, Museo de antropología y Paseo de la reforma

En realidad esta primera jornada de viaje inició el día anterior. Luego de obtener mi grado como Especialista de Mercadeo en mi universidad, ubicada en el centro de Bogotá, comí algo en Crepes & Waffles con mi familia y me fui a casa a terminar de alistar mi maleta. De allí salimos en carro al aeropuerto, parando en el camino a recoger a mi compañera de viaje, mi novia de aquel entonces.

Al llegar al aeropuerto descubrimos que un nuevo avión había sido asignado a este vuelo. En cambio del B737-800 que aparecía en todo momento, volaríamos en un B737-700, lo que significaba alrededor de 40 asientos menos. Esto se tradujo en sobreventa, solicitudes de voluntarios para viajar en el vuelo siguiente, y demoras en el proceso de registro. Aunque la opción de viajar en el siguiente vuelo a cambio de un pasaje ida y vuelta a cualquier destino dentro de México en los siguientes doce meses era muy atractiva, no era viable porque implicaba perder uno de los escasos cuatro días en la ciudad.

Al embarcar encontramos que la fila que habíamos seleccionado previamente correspondía a la clase ‘Economy Plus’ de Aeroméxico, por lo que viajamos con más espacio para nuestras piernas. Luego de 5 horas de viaje llegamos hacia las 5 de la mañana al Aeropuerto Internacional de Ciudad de México, en el que luego de cumplir con los trámites de ingreso al país, tomamos un taxi oficial que por 215 pesos nos llevó al hotel. Recomendación es tomar siempre taxis oficiales, buscando sus stands y contratando sus servicios. Ignoren a todos los que están parados en la zona de llegadas ofreciendo transporte.

El camino al hotel nos mostró una ciudad que apenas se levantaba, con las primeras luces del día. Varios trabajadores apostados en las paradas de bus, el metro realizando sus primeros recorridos, visible en aquellos tramos en que circula a la altura de la superficie.

Luego de chequearnos en el hotel y dormir algunas horas, a las 11 nos levantamos y nos dirigimos caminando hacia el Centro Histórico. La ruta seguida fue por el Paseo de la Reforma hasta la Avenida Juárez, la que tomamos apenas al ver la escultura ‘El Caballito’, construida con placas de acero y reconocible por su color amarillo. Caminando por Juárez llegamos al imponente Palacio de Bellas Artes, apenas pasando la Alameda. Este es uno de los edificios más representativos de la ciudad, si no el más, es una de las casas de ópera más reconocidas del mundo, y su construcción tomó casi 30 años, no por la complejidad de la obra sino por el abandono de la misma durante bastante tiempo.

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La Escultura del Caballito, en el cruce de Reforma con Juárez

Entramos únicamente al lobby y nos dedicamos a tomar fotos del imponente exterior del edificio. Para quienes estén interesados, la visita tiene un costo de 60 pesos mexicanos, más otros 30 por el derecho a tomar fotos o hacer vídeos. Apenas detrás se encuentra el Palacio Postal, que a diferencia tiene entrada gratuita de 8 de la mañana a 8 de la noche en días de semana, y de 8 a 4 de la tarde los Sábados, Domingos y Festivos. Este edificio, iluminado por luz natural gracias a su cúpula translúcida, está lleno de detalles, y sirvió de inspiración como locación para la película Coco, de Pixar.

Luego de esta corta visita seguimos por la Calle Tacuba hasta el Palacio de Minería, donde se encuentran expuestos meteoritos encontrados en territorio mexicano, algunos de más de 10 toneladas de peso. Por la Calle de Filomeno Mata encontramos el Palacio de los Azulejos, ahora convertido en una sede del multipresente Sanborns, al que ingresamos para almorzar, pero lo encontramos muy lleno, por lo que caminamos por la Calle Madero ya en dirección al Zócalo, hasta encontrar un VIPS, que estaba relativamente desocupado y fue el sitio escogido para saciar nuestra hambre.

Llegamos a la inmensa Plaza del Zócalo, una de las más grandes del mundo, y lugar de diferentes manifestaciones históricas del país. Sus alrededores la hacen aún más imponente, al tener de vecinos a la Catedral Metropolitana, el Templo Mayor, el Palacio Nacional y el Portal de Mercaderes, entre otros. Luego de cruzarla nos dirigimos al Palacio Nacional, que pudimos visitar sin costo luego de dejar nuestros pasaportes a la entrada. Una visita que resultó imprescindible, tanto por la arquitectura de los diferentes edificios que componen la sede del poder ejecutivo, sino por los increíbles murales de Diego Rivera, particularmente la ‘Epopeya al pueblo mexicano’. Al salir nos dirigimos a la Catedral Metropolitana para una rápida visita. Omitimos subir al Campanario, pues ya empezaban a caer las primeras gotas de lluvia.

Volvimos a recorrer nuestros pasos hasta que tomamos un taxi que nos llevó por Tacuba, Hidalgo y Paseo de la Reforma hasta el Museo de Antropología, por 80 pesos mexicanos. Sobre el Museo: Una pasada! Otro imprescindible de la Ciudad de México, y van… Tengan en cuenta que este Museo se cierra los días Lunes, que su ingreso cuesta 70 pesos mexicanos por persona y que abre de 9 de la mañana a 7 de la noche. Recomiendo, a no ser que tengan mucho tiempo, seleccionar los pabellones que más interesantes les parezca para acotar la visita. No se pueden perder el increíble Calendario Azteca!

Al salir compramos unas aguas frescas, de esas que saben a tamarindo, parecen de limón pero son de piña, y cruzamos la Avenida de la Reforma hasta llegar al Bosque de Chapultepec, que caminamos sin rumbo fijo, al filo de las 5 de la tarde, hora en que los ‘puesteros’ empezaban a levantar sus mercancías. Tras pasar por el Monumento a los Niños Héroes, salimos por la que después descubriría era el Acceso Leones, frente a la Torre Mayor, en aquel entonces el edificio más alto de la ciudad, ya que las vecinas Torres Reforma y BBVA Bancomer estaban apenas en construcción.

Nuestra caminata por esta hermosa zona del Paseo de la Reforma, inició pasando frente a la Estela de la Luz, una estructura de más de 100 metros de altura que conmemora el Bicentenario de la Independencia Mexicana, así como el Centenario de la Revolución mexicana. De ahí continuamos caminando hacia el norte, pasando frente a imponentes rascacielos, palacios, monumentos, en una de las que a mi juicio es una de las avenidas más hermosas del mundo, rematada por amplias aceras llenas de verde. Al llegar al Ángel de la Independencia, otro de los íconos de la Ciudad, inaugurado en 1910 para conmemorar el Centenario de la independencia mexicana, decidimos quedarnos un rato y descansar.

Estando allí fuimos testigos de una sentida manifestación por los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, que obligó a las autoridades a cerrar parte de la avenida y desviar el tráfico en cuestión de segundos. Ya con las últimas fuerzas seguimos caminando, hasta llegar al hotel a descansar, hasta que ya entrada la noche el hambre nos venció y salimos a un local vecino de Carl’s Jr a comprar unos combos de hamburguesa que finalmente nos comimos en nuestra habitación.

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