Día 2: Volcanes, Torre Latinoamericana y Café de Tacuba

El segundo día en el DF inició muy temprano, pues íbamos a hacer un tour a los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhualt. El mismo lo teníamos contratado desde Bogotá con la agencia Price Travel, que nos cobró 150 mil pesos colombianos, algo así como 50 dólarres por persona. El minibús pasó a recogernos alrededor de las 5.30, y luego de dar varias vueltas por diversos hoteles y hostales, tomamos rumbo hacia el Parque Nacional Iztaccíhualt y Popocatepétl, no sin antes parar en el camino a desayunar y comprar provisiones para el ascenso: Bebidas colas, agua y chocolates.

Desafortunadamente tuvimos un día muy nublado, por lo que las cimas de ambas montañas nunca fueron visibles. Sin embargo disfrutamos mucho de la caminata, así como de las charlas que en el medio tuvimos con algunos de nuestros compañeros de viaje. ¡En el camino de vuelta paramos en un puesto típico, en el que comimos nopales y unos tacos de color azul!

Al regresar a la ciudad ya al final de la tarde nos cambiamos y salimos directo hacia el mirador de la Torre Latinoamericana. El taxi desde el hotel nos cobró, si no recuerdo mal, 20 pesos. La entrada, por su parte, nos costó 85 pesos mexicanos, que no solo incluía el acceso al mirador sino también a un pequeño museo sobre la torre misma. A pesar de que el día seguía nublado y lluvioso, pudimos apreciar el atardecer desde este, el edificio que en su momento fue el rascacielos más alto de América Latina, y del mundo por fuera de los Estados Unidos, y que constituyó un hito al estar ubicado en una zona de alto riesgo sísmico y resistir varios terremotos de más de 7 grados en la escala de Ritcher.

Al salir de la Torre cruzamos en diagonal las Avenidas Juárez y Lázaro Cárdenas, para tomarnos fotos frente al Palacio de Bellas Artes de noche. Luego nos dirigimos por la Calle Tacuba al café del mismo nombre, y que le da nombre a uno de mis grupos musicales favoritos. En el Café comimos algo al tiempo que disfrutábamos de la cuidada arquitectura típica del lugar. Al salir cruzamos la calle y por primera vez en el viaje, tomamos el metro de la Ciudad de México, un sistema que las veces que usamos nos pareció limpio, y eficiente, más si se tiene en cuenta que cuesta solo 5 pesos.

Sin embargo, al llegar a la estación Revolución, que era la más cercana a nuestro hotel, no supimos qué salida tomar y terminamos perdiéndonos. No era fácil la ubicación en este punto si se tiene en cuenta que Reforma corre en diagonal. La zona no estaba mal, pero habían bastantes trabajadoras sexuales en la calle, así que decidimos tomar un taxi que literalmente a los 2 minutos nos dejó en la puerta del hotel

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